martes, 20 de enero de 2009

Conceptos Básicos para el Desarrollo de una Filosofía Educacional

La Ciencia es el saber humano encargado de explicar un conjunto de fenómenos empleando la observación, experimentación, las hipótesis, éxitos que le permiten a la humanidad su progreso, gracias a la labor del científico hombre de éxito que armoniza la teoría con la práctica. En cambio, la Filosofía es otro de los saberes del hombre, que pretende dar solución a los grandes problemas que aquejan a la humanidad y que aún no han sido resueltos, siendo éstos de interés universal y objeto de profundas meditaciones racionales.
Como toda ciencia, la Educación se relaciona con todo tipo de saber humano, con las ciencias humanas, las naturales, pero también con la filosofía, adquiriendo allí la denominación de filosofía educativa o filosofía de la educación.
La filosofía de la educación pretende la adquisición de capacidad para plantear problemas y formular hipótesis dentro del campo educacional, a la luz de la filosofía.
La fundamentación científica de la actividad educacional incluye, como aspecto necesario e inalienable, la reflexión filosófica acerca de la misma. Dicha reflexión, entendida de manera tradicional muchas veces de forma declarativa e irrelevante para la práctica como filosofía de la educación, debe ser superada o al menos complementada mediante su comprensión como instrumento teórico-práctico del accionar del maestro en el aula, entendida entonces como fundamentos filosóficos de la educación. De este modo, la filosofía podrá contribuir, a través de los fundamentos cosmovisivos, gnoseológicos, lógicos y sociológicos de la educación, a desenvolver la actividad educacional de un modo más consciente, óptimo, eficiente, eficaz y pertinente.
Veamos ahora algunos conceptos básicos para la aproximación al tema de la filosofía educacional:

La pedagogía axiológica se dedica a fomentar el conocimiento y aprecio de los valores para que el hombre adquiera una perfección de su persona. La labor educativa se enfocará a motivar en el educando el descubrimiento de los valores a través de la vida de hombres excepcionales del a nación y la humanidad. Además, la educación también se encargará de:

1 Fomentar experiencias individuales y colectivas que incrementen los valores superiores.
2 Orientarlos en la formación de la escala de valores.
3 Ayudarles a que se formen juicios estimativos de valor en todos los ámbitos.

La realidad en la conquista de los valores. La educación axiológica debe orientar a los educandos como es que se presentan y practican los valores en la realidad, y no tengan un rezago ni sientan un resentimiento o engaño al tratar de encontrar los valores tal y como ellos los pensaron que serían: amor perfecto, justicia perfecta, etc. A pesar de ello, los valores deben conquistarse aun siendo imperfectos; esto cuesta sacrificios, pero también nos da grandes satisfacciones.

El descubrimiento de los valores. La adolescencia es la etapa de la vida del ser humano en la cual suelen presentarse toda una gama de valores a prueba; es la edad en que todo se entrega en pos del valor. Cuando alguien capta un valor, su espíritu se inclina hacia él; él ahí la importancia del fomento de la educación de descubrir ese horizonte de valiosos valores desde esta etapa de vida.

La educación debe cultivar todos los valores posibles, sin el predominio de unos, dejando a un lado el fomento y desarrollo de otros. El concepto 'educación' denota los métodos por los que una sociedad mantiene sus conocimientos, cultura y valores y afecta a los aspectos físicos, mentales, emocionales, morales y sociales de la persona. El trabajo educativo se desarrolla por un profesor individual, la familia, la Iglesia o cualquier otro grupo social. La educación formal es la que se imparte por lo general en una escuela o institución que utiliza hombres y mujeres que están profesionalmente preparados para esta tarea.

La educación está tan difundida que no falta en ninguna sociedad ni en ningún momento de la historia. En toda sociedad por primitiva que sea, encontramos que el hombre se educa.
Los pueblos primitivos carecían de maestros, de escuelas y de doctrinas pedagógicas, sin embargo, educaban al hombre, envolviéndolo y presionándolo con el total de las acciones y reacciones de su rudimentaria vida social. En ellos, aunque nadie tuviera idea del esfuerzo educativo que, espontáneamente, la sociedad realizaba en cada momento, la educación existía como hecho. En cualquiera de las sociedades civilizadas contemporáneas encontramos educadores, instituciones educativas y teorías pedagógicas; es decir, hallamos una acción planeada, consciente, sistemática. La importancia fundamental que la historia de la educación tiene para cualquier educador es que permite el conocimiento del pasado educativo de la humanidad.
Los conceptos básicos son los que siguen:

ESCUELA

La etimología proviene del idioma griego pasando por el latín; en latín se dice schola (pron.:"escola"), el étimo griego es la palabra: σχολή (pronunciación clásica: "eskolé"); paradojalmente en su etimología griega el significado era el del momento de recreo incluso de diversión, habiendo sucedido luego un deslizamiento de significado tal como se nota en la mayoría de los idiomas indoeuropeos modernos; el significado actual más frecuente es el de un "establecimiento público" en donde se dan enseñanzas.
La educación es un proceso que ofrece diversas modalidades de realización. Algunas veces se realiza en forma espontánea, especialmente cuando por imitación o adaptación refleja las personas tienden a reproducir ciertas costumbres; hábitos y actitudes de la comunidad en que se desenvuelve su existencia. Lo propio de este tipo de educación, llamada “espontánea”, es la imitación.
Sin embargo, no toda educación es refleja. Si así fuera, el desenvolvimiento de la personalidad humana podría tomarse anárquico y derivar, eventualmente, en procesos frustrados de culturización y socialización que harían inútil la función social de la educación.
Existe, en consecuencia, otro tipo de hechos educativos. Que se caracterizan por ser conscientes e intencionados y cuya finalidad es la adaptación e integración social de las personas mediante una fuerte contribución a la socialización humana.
Este tipo de procesos se realizan primariamente en la escuela, la que, junto a la familia, constituyen instituciones fundamentales de la primera educación.
La escuela es la institución básica de la educación formal. Por definición, en ella se concentran aspectos fundantes de la cultura y ella es, asimismo, una agencia de socialización e innovación cultural.
En la escuela, se combinan educación y magisterio y la sociedad civil deposita la responsabilidad de sistematizar y transmitir la herencia social, generando condiciones de innovación y cambio. Junto a la familia, la iglesia y las restantes instituciones sociales, la escuela es un mecanismo irremplazable de socialización, de educación y de desarrollo humano.

Para que haya escuela, no bastan la infraestructura, los planes de estudios, los maestros y los estudiantes. Es necesario que en ella se produzca una transmisión consciente del conocimiento acumulado y que la combinación metodológica que implica la enseñanza y el aprendizaje estimulen la libertad, la educabilidad y el desenvolvimiento de las nuevas generaciones.

Desde el punto de vista histórico-político-social, la escuela es un agente educativo que se define por su carácter normativo respecto a las regulaciones que la sociedad traspasa al educando. En este sentido, la escuela no tiene poder por sí misma, sino que lo obtiene por delegación de la familia, de la iglesia y del Estado.

EL ALUMNO

La educación es un proceso para cambiar al educando. Está dirigida directamente al espacio existente entre lo que el educando es y lo que puede llegar a ser.

"Con el fin de comprender lo que abarca la obra de la educación, necesitamos considerar tanto la naturaleza del hombre como el propósito de Dios al crearlo. Necesitamos considerar también el cambio verificado en la condición del hombre por la introducción del conocimiento del mal, y el plan de Dios para cumplir, sin embargo, su glorioso propósito en la educación de la especie humana... La obra de la redención debía restaurar en el hombre a imagen de su Hacedor, hacerlo volver a la perfección con que había sido creado, promover el desarrollo del cuerpo, la mente, y el espíritu, con el fin de que se llevase a cabo el propósito divino de su creación. Este es el objeto de la educación, el gran objeto de la vida" (La Educación, p. 12,13).

Como hijo de Dios, el estudiante es el blanco principal del foco educacional como un todo, debiendo ser amado y aceptado. El propósito de la educación adventista es ayudar a los estudiantes a alcanzar su más elevado potencial y a cumplir el propósito de DIOS para la vida de ellos. La respuesta del estudiante constituye criterio orientador significativo en la evaluación de la salud y eficiencia de la escuela.
El sujeto debe ser visto como alguien capaz de aprender, con voluntad propia que, una vez colocado bajo la guía del Espíritu Santo (por su propia elección), puede transformarse y transformar. Por tanto, necesita ser respetado y estimulado en su individualidad. Al interactuar con el profesor y colegas, en la construcción del conocimiento históricamente acumulado, deberá situarse de modo de interpretar la realidad circundante. Guiado por el conocimiento particular que, como sujeto institucional, cultural, social y espiritual tiene de Dios, podrá contribuir para su transformación y de la realidad.

Dios mira el interior de la pequeña semilla que él mismo creó y en ella ve encubierta la bella flor, el arbusto o el grande y frondoso árbol. Así ve él las posibilidades en toda criatura humana. Nos hallamos aquí para determinado fin. Dios nos dio el plan que tiene para nuestra vida, y desea que alcancemos la más alta norma de desarrollo. (Id., CBV, p. 397)

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena, agradable, y perfecta voluntad de Dios.” (Romanos, 12:2)

Basada en el principio de filiación divina, la educación adventista ve a cada ser humano como dotado de la facultad de aprender. Esta facultad es factible de desarrollo, cabiendo al sujeto hacer la elección entre desarrollarla o no. Como condiciones para este desarrollo, el texto bíblico encontrado en Deuteronomio, nos remite a una interacción entre el que enseña y el que aprende vía lenguaje: lenguaje verbal (de ellas hablarás), lenguaje expresivo sentado, andando, al acostarse, al levantarse; de forma constante), lenguaje no-verbal (a través de todo lo que haga parte del legado cultural de los israelitas: rituales, elementos domésticos y sociales, encontrados dentro y fuera del hogar).

“Estas palabras que hoy te ordeno estarán en tu corazón; las inculcarás a tus hijos, y hablarás de ellas sentado en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y al levantarte. También las atarás como señal en tu mano, te serán por frontal entre los ojos. Y las escribirás en los umbrales de tu casa y en tus puertas. (Deuteronomio: 6:6-9)

El alumno debe buscar como fin último el desarrollo de un carácter aprobado por Dios y el desenvolvimiento armonioso de su personalidad, puesto que se desean alumnos con un carácter semejante al de Cristo, conseguido por la influencia de la gracia divina. Es por eso que se espera formar personas que actúen en armonía con los principios y valores de nuestra cosmovisión, manifestando las siguientes competencias:

1. Manifestar fuerza de voluntad, equilibrio y dominio propio en su vida diaria.
2. Perseverar en la búsqueda sincera de la verdad y del conocimiento de Dios
3. Poseer un alto sentido de justicia y equidad.
4. Apreciar la belleza en la creación divina y la cultura.
5 Mostrar apertura, sencillez y humildad en sus relaciones interpersonales.
6. Manifestar compromiso con sus responsabilidades morales y éticas respecto de la sociedad y el entorno.
7. Enfrentar la vida con espíritu de superación, optimismo y confianza en la ayuda divina.
8. Ejercer un liderazgo e influencia positivos en su medio, a través de un servicio útil a la Patria, a la familia, a la comunidad y a la iglesia.
9. Utilizar el diálogo como herramienta en la convivencia y la resolución de conflictos.
10. Adoptar y promover un estilo de vida saludable.
11. Mostrar comprensión, tolerancia, benevolencia y empatía con el prójimo.
12. Cultivar de forma armónica sus potencialidades físicas, intelectuales, sociales y espirituales.
13. Tener un adecuado concepto e imagen de sí mismo(a).
14. Respetar y promover las normas democráticas y los derechos humanos básicos.
15. Enfrentar el mundo con un sentido de misión.
16. Aplicar destrezas indagatorias en la tarea de descubrir y conocer.
17. Enfrentar las exigencias académicas con responsabilidad y excelencia.
18. Privilegiar el trabajo en equipo, participativo y colaborativo.
19. Dominar destrezas básicas para enfrentar los requerimientos de la vida cotidiana.
20. Hacer uso de un pensamiento autónomo, crítico y reflexivo.
21. Ser capaz de hacer elecciones y tomar decisiones fundadas.

Los avances tecnológicos hicieron al mundo sin fronteras. Las nuevas relaciones sociales, a nivel micro y planetario, crearon nuevos conceptos histórico-geográficos, culturales, económicos. Por eso, se impone hoy una nueva concepción de la sociedad y, por tanto, del hombre, lo que implica un nuevo concepto de la escuela y de su papel social. Las fronteras de la ciencia y de la tecnología están dando lugar a la globalización de la globalización de la producción y de la cultura.

La escuela tiene la responsabilidad de estructurarse y atender al sujeto en este proceso de integración y transformación. Necesita estar alerta innovando en todos los aspectos, recalificando sus cuadros técnico y docente (pues la nueva postura educacional exige profesionales de hecho, conscientes de la responsabilidad de su papel delante de Dios y junto a la sociedad) y formando individuos autónomos, solidarios y críticos, capaces de enfrentar los rápidos cambios de nuestro sistema productivo y social.

El antiguo paradigma educacional se hizo incapaz de lidiar con los constantes cambios ocurridos en la sociedad en los últimos años. En consecuencia, el nuevo paradigma educacional sugiere que la escuela sea un ambiente que desafíe al sujeto a buscar no solamente informaciones, pero saber procesarlas, analizarlas, seleccionarlas, transformándolas en conocimiento y utilizándolas sabiamente en actitudes que demuestren su amor a Dios y al prójimo.


APRENDIZAJE
El aprendizaje es el proceso de adquirir conocimientos, habilidades, actitudes o valores, a través del estudio, la experiencia o la enseñanza; dicho proceso origina un cambio persistente, medible y específico en el comportamiento de un individuo y, según algunas teorías, hace que el mismo formule un constructo mental nuevo o que revise uno previo (conocimientos conceptuales como actitudes o valores).
Está estrechamente unido a la experiencia, pues al interactuar con el entorno el individuo adquiere conocimiento por medio de la experiencia que ello supone. También está unido al desarrollo humano: afecta y se ve afectado por los cambios biológicos y físicos, psicológicos, de personalidad, de valores, etc.
El aprendizaje conduce a cambios de larga duración en el comportamiento potencial. Este concepto se refiere al comportamiento posible (no necesariamente actual) de un individuo en una situación dada para poder alcanzar una meta. Sin embargo, el solo potencial no es suficiente: el aprendizaje necesita ser reforzado para que perdure.

El Aprendizaje en la educación adventista

La educación adventista promueve la excelencia académica en todas las actividades de enseñanza y aprendizaje. Revisar lo que significa el aprendizaje, se hace importante, ya que este término ha cambiado de significación a lo largo de los tiempos. Sabemos que tales concepciones, a respecto del proceso enseñar/ aprender, han sido derivadas de las tendencias de la psicología, de la sociología y de la política.

Las concepciones de la pedagogía renovada no tienen en el profesor ni en los contenidos disciplinares el centro de la actividad escolar. En ésta, el importante es el alumno, visto como ser libre, activo y social. La enseñanza pierde la importancia y cede lugar al proceso de aprendizaje, que pasa a tener en el "aprendizaje por descubrimiento" su norte. En ese proceso, el interés de los alumnos conduce al aprendizaje por la experiencia, cabiendo al profesor ser el facilitador, aquel que organiza y coordina el aprendizaje. Tal postura apunta a atender las diferencias individuales, para que las capacidades y habilidades del sujeto se desarrollen. En esta visión, el aprendizaje se da a partir del interés del sujeto.

Además, hoy se entiende el aprendizaje como co-participativo, ya que acontece vía interacciones entre profesor/alumno, alumno/alumno y otras asociaciones posibles, mediadas por el lenguaje.

La educación va más allá de la escolaridad formal. Incluye el aprendizaje a lo largo de toda la vida para satisfacer tanto las necesidades profesionales como las no profesionales del ser humano. La escolaridad formal se combina con los agentes educativos a fin de preparar “al estudiante para el gozo de servir en este mundo, y para un gozo superior de un servicio más amplio en el mundo por venir”.

El ambiente de aprendizaje combinará equilibradamente la adoración a Dios, el estudio, el trabajo y la recreación. El ambiente del campus estará impregnado de espiritualidad alegre, un espíritu de colaboración y respeto por la diversidad de individuos y culturas.

¿Cual es la meta de la enseñanza y el aprendizaje cristianos? Algunos educadores cristianos resumen la meta de la educación como “la restauración de la imagen de Dios en el hombre a través del armonioso desarrollo de las facultades físicas, mentales, sociales y espirituales”.
Lo que se visualiza, en esencia, es:
· el reconocimiento de una necesidad de un sanamiento, un re-centramiento y una restauración de la integralidad en respuesta al quiebre, la desconexión y la enfermedad del alma que experimenta la humanidad como consecuencia de la Caída;
· el proceso que enfoca la persona toda y la relación interdependiente entre todas las facetas de la personalidad humana;
· el resultado y evidencia del proceso serán un reflejo de la semejanza a Dios, más que la grandeza y los logros humanos.
Si bien es útil identificar y describir diversas facetas de la personalidad humana, es importante ver tal personalidad como un todo orgánico de esas partes. Es útil y apropiado ver tal persona como un alma. Con esto en mente, es apropiado ver la enseñanza y el aprendizaje como una parte intencional de un proceso redentor para construir una integridad comprehensiva, y así revertir la alienación iniciada por Lucifer, y evidenciada en la Caída.
Tales consideraciones invitan a una importante pregunta adicional: ¿Qué relevancia tiene el término educación cristocéntrica?
· La creación fue un acto divino que trajo orden (cosmos) al caos.
· La creación del alma humana fue el acto que coronó la Creación.
· La restauración del alma es un acto de re-creación y por ende, de redención, porque la capacidad de dar y mantener la vida está fuera de la humanidad, y solamente reside en el Creador.
· La Biblia repetidamente identifica el rol central de Cristo en esa acción. (Juan 1; Col. 1; Hebreos 1:1-3)

En todos los aspectos del proceso de educación, una orientación y un enfoque cristocéntricos son significativos y vitales. Esencialmente, todo lo que hacemos, que es conducente a la integralidad y el significado, en un contexto bíblicamente sensible, es cristocéntrico.

¿Cuál es el lugar del profesor en este proceso? Los profesores cristianos pueden ser considerados participantes que cooperan con Dios en este proceso. George Knight (1980) apropiadamente argumenta, "La educación adventista es verdadero ministerio y cada profesor un 'agente de salvación'. Es "un ministerio de reconciliación' en todo aspecto. Es también 'religión' en esencia (Latín religere ligar otra vez).
Pablo captura el espíritu de este proceso en Efesios 4:11-16: [Cristo] ... dio a algunos ser ... profesores, para preparar al pueblo de Dios para obras de servicio, de modo que el cuerpo de Cristo (la 'comunidad' ) pueda ser edificado( restaurado) hasta que todos alcancemos la unidad ('integralidad e 'integridad') en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios y maduremos (implica 'un proceso'), llegando a la medida de la plenitud de Cristo ('la imagen de Dios en la humanidad.’)... A partir de él todo el cuerpo.... crece y se construye en amor.

Este proceso visualiza un rol multifacético, encarnacional que puede ser representado por diversas metáforas, relaciones y funciones que son sensibles a las necesidades intelectuales, emocionales y espirituales del individuo y de su comunidad.

Alguien ha capturado las implicancias y desafío del rol del profesor cristiano diciendo: "Un río no puede subir más alto que su fuente."


CONCEPCIÓN DEL CURRÍCULUM

El currículum promoverá la excelencia académica e incluirá las materias básicas que el estudiante necesitará para desempeñarse como ciudadano responsable dentro de su cultura y también los cursos de formación espiritual que lo guiarán en la vida adventista y contribuirán a elevar el nivel social de la comunidad. La formación de un ciudadano tal incluye el aprecio por su herencia adventista, la preocupación por la justicia social y el cuidado del ambiente. Un currículum equilibrado fomentará el desarrollo integral de la vida espiritual, intelectual, física, social, emocional y vocacional. Todas las áreas de estudio serán examinadas desde la perspectiva de la cosmovisión bíblica, dentro del contexto del tema del gran conflicto entre el bien y el mal, promoviendo la integración de la fe con el aprendizaje.

La integración de fe y aprendizaje es un proceso intencional y sistemático a través del cual se enfocan todas las actividades que comprende la acción educativa-instruccional desde una perspectiva bíblica y con objetivos cristianos, a fin de que los alumnos, al terminar sus estudios, hayan internalizado voluntariamente una visión de la vida, del conocimiento y de su destino centrada en Cristo, orientada al servicio y proyectada hacia el reino de Dios.

Nuestra filosofía educativa se inserta en el ámbito de la cosmovisión bíblico-adventista. Partiendo de esa perspectiva, en un documento preparado a comienzos de la década de 1990 los educadores adventistas Marcelo Carvajal, Elizabeth Zeidán y Carlos Martínez identificaron en el currículum adventista los rasgos caracterizadores que a continuación reproduzco:

A) La Biblia constituye la base y el punto de referencia en las actividades educativas. Todo el programa escolar y extra-escolar refleja la cosmovisión y los principios de las Escrituras. Los docentes y los estudiantes abordan cada disciplina desde una perspectiva bíblica, confiados en que el mismo Espíritu Santo que inspiró a los escritores de la Biblia iluminará a sus lectores.
Tanto educadores como educandos reconocen que toda verdad auténtica tiene su origen en Dios y que todos los campos del conocimiento ofrecen oportunidades de ampliar y profundizar su comprensión de la verdad total, guiados por el Espíritu Santo.

Jesucristo ocupa un puesto de privilegio en la vida de la institución. Se anima a los alumnos a que acepten a Cristo como Salvador, consagrándole la vida sin reservas y cultivando la amistad diaria con él.

B) El alumno es considerado como persona. La educación adventista debe estructurarse sobre un ambiente que reconozca que el individuo es digno en sí mismo. Al mismo tiempo, los educandos deben aprender a ver a los demás como más importantes que ellos mismos. Significa, entonces, que debemos establecer una atmósfera que haga sentir a cada uno cuán digno es ante los ojos de Dios, pero, al mismo tiempo, cuán dignos son también los demás.

Consecuentemente, deben evitarse las estrategias instruccionales excesivamente individualistas o el énfasis exagerado en la instrucción grupal. Más bien, es aconsejable ver al alumno como miembro integrante en diferentes grupos, desarrollando sus habilidades para contribuir voluntariamente, sin comprometer sus normas adventistas, a las necesidades de esos grupos y no esperando la contribución de los grupos para sí mismo.

Para Dios, el valor del individuo es digno del universo entero. Cuando este individuo fracasa en alcanzar la norma divina, Dios está listo para señalar aquel fracaso, pero también para levantarlo y permitirle intentar una vez más. Más aún, está preparado para proveer las habilidades y destrezas necesarias para tornar el fracaso en éxito. Dios difícilmente puede aprobar métodos y técnicas de instrucción y evaluación que no estimulen al alumno a construir sobre el fracaso, o que desarrollen una tendencia competitiva entre los individuos de un curso, porque en la perspectiva divina el universo está totalmente basado en el dar, no en el recibir, esto es, en la preocupación por el otro más que por sí mismo.
Esta concepción requiere una cuidadosa consideración de nuestras técnicas de enseñanza, de nuestra actitud hacia el fracaso, de cómo abordamos la competencia y el lugar del individuo en relación al grupo.

C) La participación activa de la totalidad de los componentes de la comunidad educativa, por su calidad de actores en el proceso educativo.

La formación de los niños y jóvenes es un proceso cooperativo en el que son conjuntamente responsables los padres y el hogar, los educadores y el colegio, y los miembros de la comunidad religiosa y la iglesia. La juventud es considerada un valioso tesoro que Dios ha confiado a su pueblo.

Entendemos la educación como un proceso de perfeccionamiento intencionado e integral de las facultades de cada ser humano, que requiere para su realización de la coparticipación de educador y educando, a través de una relación dialógica o de comunicación.

La comunicación pedagógica comparte los propósitos de la educación dentro del contexto de aquellas experiencias planificadas, desarrolladas, aplicadas y evaluadas por el docente con el propósito de estimular y apoyar al alumno para que éste alcance determinados objetivos de aprendizaje. Desde esta perspectiva, la comunicación pedagógica se encuentra orientada por intenciones explicitadas que se constituyen en marcos de referencia, cuyo logro se pretende alcanzar a través de la resultante formada por la integración de la comunicación intrapersonal, interpersonal, social y trascendente. En este contexto, la comunicación pedagógica se conceptualiza como un proceso mediador de la acción educativa, y como tal, su propósito se orienta hacia la consecución de objetivos válidos y útiles para cada educando.

A través de ella, la fuente-profesor pretende influir conscientemente, estimulando significados en la mente del receptor-alumno, a fin de que éste adquiera, modifique o consolide un tipo particular de conducta dentro de variables espacio_ temporales.

Generalmente directivos y docentes proponen la selección y organización de los objetivos a ser transmitidos y evaluados, al igual que los procedimientos y formas de enseñanza, como también las modalidades tendientes a alcanzar los aprendizajes deseados, considerando las particulares necesidades e intereses de los estudiantes. El alumno realiza preferentemente actividades de su elección, aunque éstas son por lo general sugeridas por los docentes.

La familia participa del proceso educativo. El profesor fomenta el diálogo y la oportunidad de participación y de iniciativa personal. Conduce las acciones a desarrollar, pero en permanente interacción con los alumnos y los padres, sin imponer su criterio.

Las funciones del profesor y el alumno son interdependientes, dependen uno del otro. El profesor puede utilizar la reacción del alumno como verificación de su propia efectividad y como guía de sus futuras acciones. En un comienzo la comunicación es unidireccional, pero luego tanto la fuente como el receptor hacen uso de las reacciones de cada uno, produciéndose así un feedback permanente. Tanto el profesor como el alumno tienen expectativas y una imagen del otro que influyen directamente en la forma de comunicarse. Ambos, profesor y alumno, como entidades psicológicas, tienen la facultad de proyectarse en la personalidad del otro, lo cual permite enriquecer el proceso de comunicación.

A objeto de que se produzca un aprendizaje a través del proceso de comunicación, es muy importante que el mensaje sea significativo para el profesor y para el alumno, de tal manera que exista una interacción en la comunicación. El campo perceptual común o el área de influencia mutua entre profesor y alumno permiten que la comunicación se produzca.
La comunicación pedagógica debe considerar las dimensiones intrapersonal, interpersonal, social y trascendente; de este modo es posible lograr el aprendizaje deseado, entendido como un proceso individual en que confluyen las actividades del pensamiento del alumno, la interacción del profesor y la gran cantidad de información proveniente de los medios de comunicación social que interactúan con el receptor.

D) La configuración de un clima organizacional humanizado, no solamente de aprendizaje, sino que en todas las relaciones e interacciones que se dan al interior de la comunidad educativa y cuyas principales características son el libre flujo de la comunicación y el establecimiento de principios y normas que, fundadas en el respeto por las personas, favorecen las relaciones abiertas y directas entre los diversos actores del proceso educativo.

El currículum se estructura sobre un ambiente que reconoce que el individuo es digno en sí mismo, pero al mismo tiempo capaz de ver a los demás como más importantes. Si bien son de gran importancia la preparación profesional del personal, el bagaje metodológico, la infraestructura del local escolar, el plan de estudios, el contar con adecuados recursos materiales, etc., hay, sin embargo, dos factores que resultan vitales para lograr un efectivo e integral desarrollo de la personalidad de los educandos: establecer relaciones humanas satisfactorias y placenteras y mantener una actitud general de respeto por la persona.

Sólo cuando estos factores están presentes en la vida escolar, es dable esperar que las actividades y las actitudes de los educadores primero, y de cada uno de los otros componentes de la comunidad educativa, fomenten verdaderamente el aprendizaje significativo, los procesos psíquicos y el desarrollo armonioso de la personalidad. Las relaciones humanas satisfactorias implican la presencia de la autodeterminación del sujeto como valor esencial; vale decir, el que los alumnos, como sujetos-personas, tengan la oportunidad de determinar por sí mismos su propia vida, de hacer sus personales elecciones y decisiones, de actuar en consecuencia y no coaccionados, sino orientados, guiados o aconsejados hacia caminos que representen un enriquecimiento de sus potencialidades.

Esto significa que en lugar de la tradicional abundancia de órdenes, instrucciones y reglamentos prevalecerán el diálogo, las solicitudes, las sugerencias y los consejos; se fomentarán el trabajo grupal y el individual de libre elección en reemplazo de la clásica lección expositiva; en suma, la preferencia por aquellas actividades emanadas de los propios alumnos, aun cuando puedan haber sido sugeridas por el profesor, de tal manera que se favorezca el desarrollo de procesos psíquicos tales como la autoestima, la apertura, el auto-concepto y la creación propia de valores.

El respeto a la persona, factor tan esencial como el anterior, implica el abandono de aquellas actitudes y expresiones despectivas que conlleven un daño psíquico y moral a través de la humillación, el desprecio y el ridículo. Implica, también, mostrar un trato igualitario hacia las personas, por sobre sus diferencias individuales de cualquier orden. Lo anterior requiere de estructuras de normativa que vayan en apoyo de las relaciones interpersonales; de normas de apertura y autenticidad; de roles que sean facilitadores y de interacciones espontáneas y gratificantes. Todo ello configurará estructuras organizativas que puedan brindar la posibilidad de realización personal y una amplia oportunidad para que cada uno de los participantes aplique sus habilidades.

Las inclinaciones naturales, las propensiones o tendencias interiores, incluso su posibilidad de auto-realizarse pueden ser vencidas, suprimidas o reprimidas con facilidad, aun destruidas definitivamente, en un clima social en que primen las exigencias culturales, el miedo, la desaprobación, la desconfianza y el control. Sin duda, debe prevalecer un sistema basado en la discusión con participación de todos, en la libre elección, en procesos de interacción y en el diálogo como forma ideal de comunicación.

Los alumnos proponen y precisan la situación de comunicación en el aula, considerando las sugerencias emanadas de otras instancias, sobre las normas grupales y las diferencias individuales existentes. El profesor alterna con los alumnos los roles de emisor y receptor.

E) La existencia de objetivos de aprendizaje tendientes a lograr el desarrollo armonioso e integral de las potencialidades.

El objetivo principal del proceso educativo es orientar y capacitar a los estudiantes para que desarrollen un carácter noble, realizando su potencial como criaturas de origen divino y haciendo suyos los valores cristianos. Se reconoce, claro, que cada individuo pose la capacidad de orientar su conducta en un contexto de libertad responsable.

En este proceso los docentes promueven el desarrollo integral y armónico de cada estudiante, tomando en cuenta la dimensión espiritual, intelectual, moral, física y social de cada uno de ellos. El ideal al que se apunta es la armonía con Dios, consigo mismo, con sus semejantes y con la naturaleza.

Todo intento educativo se cristaliza a través del proceso enseñanza-aprendizaje, que comprende dos procesos que se relacionan entre sí, la enseñanza y el aprendizaje. La enseñanza es un proceso externo planificado y organizado con la finalidad de promover el aprendizaje. El aprendizaje es un proceso interno en que se produce un cambio relativamente permanente en la disposición o capacidad del individuo. Todo el programa escolar tiene como propósito restaurar al ser humano a la condición ideal en que Dios lo creó.

El proceso de enseñanza-aprendizaje implica la planificación e implementación de una adecuada estrategia instruccional con el propósito de producir el aprendizaje deseado. Involucra los procesos que se establecen en el medio ambiente del individuo, con el propósito de producir entre él y su medio diversos tipos de interacciones, que hagan posible los procesos internos que aseguren el progreso del alumno en el logro de los conocimientos, habilidades, estrategias cognitivas, actitudes y valores que se buscan.

La razón fundamental de planificar la enseñanza es hacer posible la consecución de un cierto conjunto de objetivos. La planificación de la enseñanza puede simplificarse enormemente asignando objetivos que correspondan a cinco categorías principales de capacidades humanas. Pueden establecerse tales categorías porque cada una de ellas conduce a una clase de ejecución diferente y exige un conjunto distinto de condiciones didácticas para que se dé el aprendizaje efectivo. Estas categorías se pueden agrupar en Información Verbal, Habilidades Intelectuales, Estrategias Cognoscitivas, Destrezas Motoras, Actitudes y Valores.
Los eventos instruccionales deben ser organizados de forma tal que puedan producir la interrelación entre las condiciones internas y externas del individuo, de acuerdo a la naturaleza de la tarea de aprendizaje.

Nuestro currículum, consciente de que lo esencial es el ser, no el conocer, busca el crecimiento y desarrollo de la persona, busca desarrollar los componentes de la integración personal, esto es, el compromiso con el crecimiento y el desarrollo propios, un sentido de identidad que permita definir y afirmar los valores en que se cree; la apertura y sensibilidad a las necesidades de los demás; la unidad de conciencia y un equilibrio entre lo racional y lo intuitivo. Este hecho enfatiza la importancia del currículum implícito.

Busca, además, armonizar los objetivos referentes a la adquisición de conocimientos con aquéllos relacionados con el desarrollo del carácter. Para el logro de tales objetivos se requiere que las normas y reglas implícitas del currículum implícito sean integradas en los objetivos explícitos que incluyen la integración personal.

El programa académico, por su parte, trata de evitar la especialización estrecha y en cambio fomenta la integración interdisciplinaria. Se procura cultivar la curiosidad, el placer de leer, la comunicación y la expresión artística. Se anima a cada estudiante a pensar en forma independiente y se le provee de orientación educacional y vocacional adecuada.

La determinación de los objetivos académicos será una labor conjunta, en la cual tendrán preponderancia las propias necesidades, los intereses y los valores de la comunidad educativa. En esta labor de determinación conjunta resulta fundamental la existencia de un sustrato filosófico que haga que toda la acción educativa e instruccional presente consistencia entre sus fines, decisiones y estrategias.

Dios dotó a cada ser humano con la capacidad de orientar su conducta en un contexto de libertad responsable. La educación adventista fomenta la individualidad _ no el individualismo _ y respeta la dignidad del educando, preparándolo para hacer decisiones sabias sobre la base de los principios bíblicos. En este sentido, se procura ayudarle a decidir y vivir sobre la base de valores cristianos, combinando teoría y praxis.
Se estimula a los alumnos a desarrollar un pensamiento informado, independiente y responsable, para tomar decisiones basadas en principios cristianos. En lugar de dejarse amoldar por la cultura, se quiere que desarrollen la capacidad de acercarse y de participar activamente en ella con discernimiento crítico.

Uno de nuestros objetivos educacionales importantes en la formación de la personalidad del alumno es la creatividad, entendida como la capacidad humana de producir contenidos mentales que puedan considerarse como nuevos y desconocidos para quien los produce, pudiendo tratarse de actividad de la imaginación o de una síntesis mental más allá de un mero resumen, pero teniendo siempre intencionalidad y dirección a un fin determinado. Implica la formación de nuevos sistemas y de nuevas combinaciones de información ya conocida, así como transferencia de relaciones ya conocidas a situaciones nuevas y la formación de nuevos correlatos. Entendemos, sí, que la creatividad puede adoptar diversas formas (artística, literaria, científica, técnica o metodológica, etc.).

Una de las principales condiciones para que la actividad del maestro sea creativa y promotora de creatividad es la clara conciencia de que ha de promover no sólo el aprendizaje de conocimientos, sino también habilidades, hábitos y actitudes.

A fin de poder incorporar objetivos de aprendizaje no propiamente conductuales que comúnmente quedan relegados del currículum, propiciamos un enfoque holístico que considera conceptos tales como "creatividad", "adaptabilidad", "apertura a la experiencia", "identificación con el otro", "auto-concepto positivo", etc., pues tal enfoque es capaz de abordar de mejor forma la mayoría de los objetivos generales de la educación, gracias a su preocupación por los valores, las metas y las aspiraciones humanas, los sentimientos, las actitudes, las esperanzas, etc.

Para hacer realidad todas estas metas, el profesor del colegio cristiano necesita esforzarse por lograr un ambiente que incite a los alumnos hacia un trabajo creador y que fomente las interrogantes críticas durante todas las etapas de desarrollo, de tal suerte que ellos puedan ir descubriendo por sí mismos su propia aptitud creadora. Para ello, deberá recurrir a métodos y condiciones que abran el camino a lo creativo, sin forzar el desarrollo creador, permitiendo que los estudiantes desempeñen un papel activo en su propio aprendizaje.

Deberá, por cierto, considerar las diferencias individuales en la producción de diferenciaciones en la situación educativa, efectuando los ajustes necesarios para atender a las necesidades e intereses manifestados. Asimismo, el profesor debe usar su creatividad para hacer frente a situaciones no previstas que a menudo surgen dentro del aula. Lo anterior señala la necesidad imperiosa de que el maestro presente rasgos de personalidad creativos (sensible, sensitivo, fluido, flexible, original, capaz de redefinir situaciones y de sintetizar y de abrirse a lo nuevo). Además, su labor docente estará marcada por las siguientes características:

1 facilitará un ambiente de aprendizaje no autoritario.
2 incitará a los alumnos a un aprendizaje con significado.
3 estimulará los procesos intelectuales creativos: los inducirá a buscar nuevas relaciones entre datos, a asociar, a imaginar, a elaborar soluciones tentativas a los problemas, a modelar y expresar sus propias teorías o hipótesis, a emplear el pensamiento crítico, etc.
4 pospondrá sus opiniones para dar curso a los juicios de los estudiantes, sin exagerar la importancia de los errores y equivocaciones.
5 promoverá la flexibilidad intelectual, alentándolos a variar sus enfoques de los problemas, a modificar sus observaciones, a no ceñirse a un solo método, incentivándolos a buscar nuevos significados de las cosas.
6 fomentará la auto-evaluación.
7 ayudará a los alumnos a ser más sensibles a los sentimientos ajenos y a los estímulos externos.
8 formulará preguntas abiertas, cuidando que dirijan a la exploración y la reflexión y no a respuestas obvias o predeterminadas.
9 proporcionará oportunidades para manipular materiales, ideas, conceptos, herramientas y estructuras.
10 ayudará a vencer el fracaso y la frustración.
11 inducirá a considerar los problemas como un todo, destacando estructuras totales más que parciales.

Nuestra posición aspira a cambiar este mundo proveyéndole las nuevas del don de salvación de Dios, esto es, a establecer un nuevo orden basado en el carácter de Dios mediante la transformación de los educandos en verdaderos agentes de cambio.

F) La selección de contenidos a partir de las necesidades e intereses de los educandos.

Los estudiantes que egresen de un colegio cristiano serán parte de la sociedad del siglo XXI. Esto no significa, por supuesto, que deben adoptar los valores de dicha sociedad, pero sí han de trabajar en su contexto para poder entenderla e integrarse a ella. Deben, pues, estar conscientes de sus virtudes y defectos, desde una perspectiva adventista. Esto significa, por consiguiente, la inclusión de áreas de estudio que los capaciten para enfrentar adecuadamente aquella sociedad, siendo, al mismo tiempo, suficientemente adaptables para desempeñarse dentro de ella al tiempo que mantienen los objetivos del servicio cristiano.

Los contenidos deben emerger de la experiencia conjunta de profesores y alumnos, a objeto de que representen relevancia y significado para estos últimos, al paso que armonizan con aquéllos que la sociedad considera relevantes como medios posibilitadores del descubrimiento de sí mismos y del crecimiento personal. Estimamos de mayor relevancia el desarrollo correcto de valores, actitudes y conceptos acerca de Dios y del mundo, y de la práctica de habilidades adecuadas, que capaciten al educando para sobrevivir en esta sociedad y prepararlo para la próxima, antes que la obtención de un cúmulo de hechos acerca del mundo que lo rodea.

Los hechos ubicados en su contexto corrector proveen una fuente que puede ser usada para desarrollar aquellos valores, actitudes, conceptos y destrezas de los cuales depende el destino eterno del estudiante. Por otra parte, no debemos olvidar que existen ciertos hechos básicos que cada estudiante debe tener para capacitarlos en su preparación para la supervivencia en este mundo y en el venidero.

La principal área de estudio es la que da como resultado la toma de decisión, por parte del alumno, de dedicar su vida a Cristo. Esto no es responsabilidad de una asignatura en particular, sino que los principios bíblicos que se desea establecer son incorporados como objetivos básicos en las diversas asignaturas donde resultan pertinentes; por ejemplo, la oración como habilidad de comunicación especializada en Lenguaje; consideraciones de carácter ético en Ciencias, Filosofía, etc.

La preparación práctica es otro tópico esencial en nuestra filosofía educacional, asociado al uso productivo del tiempo, una actitud que nos parece de vital importancia en países en desarrollo como el nuestro. Esta área, aparte de incluir aspectos vocacionales de elección de carreras, presenta un conjunto de actividades que se pueden desarrollar como hobbies, cultivo de talentos, capacitación para atención del hogar y la familia o posibilidades de desempeño laboral en la vida adulta.

G) La búsqueda de un aprendizaje significativo que estimule el desarrollo real de dichas potencialidades, incorporando por igual lo cognitivo, lo afectivo y lo psico-motor.

El logro de un aprendizaje significativo es también una dimensión importante en nuestra concepción curricular. Deseamos terminar con la estructura de corte verticalista en que las decisiones curriculares se toman en la cúspide, con las estrategias empleadas para sostener esta estructura (sistemas de calificaciones y métodos punitivos), y con la situación de comunicación al interior del aula en que el docente aparece como único transmisor y los alumnos como meros receptores pasivos.

Propiciamos, en cambio, un proceso en que se armonicen los elementos cognitivos y afectivos del aprendizaje, en el cual la cognición no esté desconectada del sentimiento, de modo que el aprendizaje sea vivencial y apele a la afectividad del sujeto, facilitando de esa manera tanto su asimilación como su retención. Es por esta razón que sostenemos que la experiencia de aprendizaje debe tener un valor mediacional. La experiencia mediadora pone especial interés en afectar el sistema cognoscitivo del alumno (cognitivo y afectivo) y producir un alto nivel de modificabilidad en él. Las experiencias de aprendizaje mediado no dependen de las interacciones en que el lenguaje tiene lugar o del contenido alrededor del cual la interacción está basada. Uno puede mediar en cualquier lenguaje: gestual, verbal simbólico o imitativo.


La experiencia de aprendizaje mediado permite comprender la plasticidad humana y la modificabilidad. De este modo, la educación concebida como redención permite un gran avance en los objetivos que nos proponemos como educación adventista. Para alcanzar este desafío, los miembros de la unidad educativa deben transformarse en mediadores del aprendizaje del alumno y también del resto de los componentes de la comunidad educativa (administradores, directivos, docentes, administrativos, etc.).

Ahora bien, a fin de alcanzar un aprendizaje mediado, los docentes necesitan satisfacer algunos criterios, a saber:

* la intencionalidad, la trascendencia, el ampliar el significado de las cosas, palabras o principios;
* el crear en el alumno el sentimiento de competencia consigo mismo;
* el regular el comportamiento del alumno y con ello la impulsividad;
* el invitar al alumno a compartir experiencias, estrategias, conocimientos y sentimientos;
* el preocuparse por las diferencias individuales, propiciando las respuestas divergentes, creativas;
* el orientarse al futuro a través de la búsqueda, planificación y realización de objetivos;
* el considerar al hombre como entidad cambiante, dando la posibilidad de que nuevas estructuras cognitivas se hagan activas en el individuo;
* el presentar al alumno una alternativa optimista.

El progreso académico de los educandos merece una cuidadosa consideración de las técnicas de enseñanza a emplear, de nuestra actitud hacia el fracaso escolar, de la manera como abordamos la competencia y el lugar del individuo en relación al grupo. Siguiendo el modelo de instrucción provisto por Jesús, el profesor presenta su material de enseñanza de tal forma que desarrolle la habilidad de pensar, analizar y razonar del estudiante. Asimismo, prepara los contenidos de tal manera que insten al alumno a identificar áreas que requieren mayor estudio y a establecer procesos que hagan posible tal estudio.

El profesor cristiano debe ser un ejemplo de mediador, de tal modo que pueda provocar en el alumno cambios cognitivos y actitudinales que le permitan ser un buen miembro de la sociedad e integrarse bien en ella, como a su vez estar preparado y dispuesto cuando Cristo venga. Los mejores ejemplos de metodología de la enseñanza son aquéllos que nos legó Cristo.

Dentro de los aspectos metodológicos, un examen del trato de Cristo, tanto con individuos como con grupos, revela una conducta muy consistente. En primer lugar, y probablemente lo más importante, es el hecho que El modeló cosa que enseñó. Esto de por sí estimuló a sus pupilos a buscar más en detalle acerca de lo que El sostuvo.

El segundo punto es que El siempre proveyó alguna forma de estimulación dramática y variada para sus oyentes. En ocasiones fue una historia, en otras un pedido de ayuda, aún en otras fue una afirmación aparentemente contradictoria o una actividad cuestionada por sus potenciales estudiantes. El propósito de todo ello era despertar interés en el tema e incitar al estudiante a hacerle una pregunta. Este proceso motivaba a sus oyentes a interesarse vivamente en el tema que El estaba intentando presentarles.

En respuesta a sus preguntas, Jesús normalmente presentaba un amplio panorama del tema que deseaba abordar, con el propósito de capacitar al estudiante para identificar las áreas del tema que ya entendía, en contraste con aquéllas de las cuales necesitaba mayor información o mayores destrezas.

Una vez que respondían con nuevas preguntas, como resultado de su presentación en una perspectiva panorámica, El era capaz de darles positivo apoyo y estímulo para la identificación de un problema. Entonces ya podía comenzar a presentarles material que los llevaba a una situación donde ellos tenían que analizar y dividir la información en sus componentes más pequeños. A veces ellos eran incapaces de hacer esto, entonces pedían ayuda que El gustosamente les brindaba.

Otras veces entendían claramente lo que quería decirles, pero la información era presentada de tal manera que los habilitaba para llevar a cabo la investigación. Desde este punto de vista, había una significativa interacción alumno - profesor, en la medida que el primero dividía el concepto global en partes comprensibles y el segundo proveía la estimulación que motivaba al estudiante a buscar mayor información.

El estilo docente privilegiado en este enfoque curricular es el que hemos denominado estilo facilitador directivo, que corresponde a una acción educativa e instruccional en la cual el alumno realiza actividades de su elección, aunque a partir de sugerencias de los profesores; en que se fomenta el diálogo y la participación activa de los alumnos; en que generalmente se consulta a los alumnos para la selección de los contenidos y actividades y en que se trata de determinar los procedimientos metodológicos y las estrategias de enseñanza considerando los intereses de los alumnos y sus diferencias individuales, sin que los docentes impongan su criterio.

El profesor planifica la estrategia instruccional, llevando a cabo etapas que le permitan incorporar una serie de eventos instruccionales con el propósito de que el alumno proceda desde donde está al comienzo de la instrucción hasta el logro de la conducta estipulada en la meta instruccional. El profesor debe contemplar en su clase una serie de etapas: actividades preparatorias, presentación de la información, participación del estudiante y las tres instancias de evaluación: la evaluación diagnóstica, la evaluación formativa y la evaluación sumativa.

Relacionado también con el proceso de enseñanza-aprendizaje se cuenta la selección de los medios de enseñanza. A este respecto, deseamos señalar que éstos deben relacionarse con funciones específicas de enseñanza, tales como elevar o mantener el nivel de motivación, favorecer la percepción selectiva, sugerir esquemas de codificación y almacenamiento de la información, ofrecer posibilidades para demostrar _ mediante la práctica generalizada_ la adquisición de la conducta, promoviendo con ello la recuperación y transferencia y proporcionando retroalimentación pertinente al desempeño exhibido.

Los medios son seleccionados de acuerdo a las características peculiares del alumno y al tipo de capacidad que se aprenderá, sea ésta información verbal, habilidad intelectual, estrategia cognoscitiva, actitud, valor o destreza motora. Asimismo, junto al aprendizaje se inserta una escala de valores derivada de los principios que emanan de las Sagradas Escrituras. Las cualidades que más se valoran son la justicia, la solidaridad, la fraternidad, la laboriosidad y la generosidad.

H) La implementación de criterios de evaluación que privilegian el éxito y la cooperación por sobre el fracaso y la competencia.

En un ambiente cristiano, el concepto del servicio y la dedicación debieran sustituir la determinación de alcanzar logros a expensas de los demás. En consecuencia, las técnicas de evaluación aplicadas debieran siempre desarrollar en el educando la voluntad de apoyar y ayudar a sus compañeros en lugar de superarlos. Cualesquiera sean las técnicas empleadas, deberían estimular el apoyo y la interacción social entre todos los alumnos. Deberían asegurar, también, que hay fundamentos adecuados sobre los cuales el profesor puede evaluar su propia contribución al curso y que otorga la ayuda necesaria al alumno que está fracasando en un área determinada.

Con respecto al fracaso escolar, un colegio cristiano no necesita contagiarse con el debate de si es apropiado o no que un niño fracase. No hay duda que bíblicamente es correcto identificar el fracaso, pero se debería recordar que esto es así sólo para que se provean nuevas oportunidades para superar el fracaso y avanzar hacia un mayor éxito.

En el contexto del apoyo y la interacción por sobre la competencia, resulta a todas luces inadecuado manejar en el aula una evaluación por normas - en que se lo que se busca es establecer una comparación del sujeto con sus pares y ubicarlo con respecto a ellos; lo que en verdad debe interesar es compararlo consigo mismo, para determinar su estado de avance, dimensionar sus logros en relación con la situación que presentaba al momento del diagnóstico. La primera tiene su lugar en la evaluación, es cierto, pero básicamente en situaciones en que se pretende ordenar a la población medida (por ejemplo, para seleccionar postulantes a una beca o al ingreso a un sistema o institución), que no es el caso de nuestro proceso normal de evaluación escolar a nivel del aula, en que trabajamos con grupos relativamente pequeños y donde no tiene mayor importancia saber que Pedro sabe más que Juan o que posee más conductas logradas que Juan; lo que importa saber es cuánto sabe o cuántas conductas ha logrado Pedro (y lo mismo, exactamente, importa de Juan).

I) La existencia de normas establecidas a partir de las necesidades e intereses de todos los componentes de la comunidad educativa, que apunten a favorecer buenas interrelaciones entre los diversos agentes del proceso formador y a una interacción abierta y positiva entre los mismos.

El clima grato y cálido que debe caracterizar a la vida escolar no debe ser obstáculo para la existencia de reglas y normas que proporcionen un marco de referencia que asegure una convivencia grata y segura, en la cual la libertad responsable de cada individuo termine donde comienza la del otro y en donde se respeten los principios y valores que constituyen el sustrato filosófico del proyecto educativo que propone el establecimiento y que proporcionan la necesaria consistencia entre fines, decisiones y estrategias.

Como objetivo fundamental, el sistema disciplinario del establecimiento busca enseñar el autocontrol, el dominio de sí mismo, y no meramente un ambiente ordenado, pues lo que se desea lograr es un comportamiento apropiado sin necesidad de mecanismos de control externos a la persona ni medidas coercitivas, procurando así prevenir la repetición de conductas inadecuadas.

Por ello, propugnamos una disciplina sabia y moderada con la bondad, que busque desarrollar los puntos fuertes de los estudiantes sin enfatizar excesivamente sus faltas. Para ello se necesita que los docentes manifiesten una actitud de apertura y confianza, que establezcan relaciones positivas con los estudiantes y, sobre todo, que les brinden apoyo. El éxito en la disciplina - en mantener el buen comportamiento en la escuela y desarrollar el dominio propio - depende en gran medida de las actitudes de los maestros hacia los niños y jóvenes y de su comprensión de lo que constituye un comportamiento normal y racional. Si los alumnos son problemáticos, es bueno que el educador asuma una actitud de solucionar problemas con respecto a una mala conducta más bien que sentirse frustrado cuando los que están a su cargo quebrantan las normas o dan otra evidencia de un aprendizaje incompleto o de inadaptación.

En cuanto a las normas, éstas han de ser razonadas, compartidas y aceptadas por todos los miembros de la comunidad educativa. Las reglas debieran ser poco numerosas pero bien meditadas, y debieran aplicarse sin vacilaciones una vez promulgadas. Se privilegia la cooperación por sobre la vigilancia, la ayuda y el apoyo por sobre las sanciones y la imposición de autoridad. Ahora bien, lo deseable es que tales normas sean aceptadas, si no compartidas, por todos los actores del proceso educativo, de modo que no sean meramente reglamentos impuestos por las instancias administrativas o por directivos docentes. Tendrán que existir normas disciplinarias, desde luego, pero cuán beneficioso sería que ellas resultaran consonantes con nuestro ideario pedagógico y con nuestro sustrato filosófico, esto es, que sean normas que fomenten el acercamiento, la espontaneidad, la apertura, la autoconfianza y la confianza en el otro, que favorezcan la solidaridad, la responsabilidad personal y el autocontrol, el dominio propio, en lugar de un control demasiado estricto.

En el contexto de una disciplina redentora, abogamos por un sistema disciplinario que, en lugar de inclinarse preferentemente por las acciones punitivas, privilegie la búsqueda del diálogo con los infractores, un serio intento por lograr el reconocimiento de las faltas, un eventual arrepentimiento y, por qué no, la aplicación de sanciones autoimpuestas. Creemos en la disciplina como instrucción en el autocontrol y por tal motivo los alumnos debieran tomar parte en la creación de las reglas que guiarán su propia conducta. En este sentido, la disciplina es concebida como aprendizaje, cuyo gran propósito es " capacitar al alumno para un pensamiento reflexivo y autónomo más que para responder ante una palabra o una figura de autoridad".

J) El énfasis en la preparación para la vida práctica.

El currículum cristiano no refleja una visión puramente intelectual, dirigida al enciclopedismo, sino que propicia una formación armónica e integral de la personalidad, atendiendo por igual a las distintas potencialidades humanas. En este marco, se procura que el educando llegue a ser competente en el desempeño de las prácticas normales de una comunidad de personas, de manera de poder interactuar adecuadamente con ellas; en otras palabras, se aspira a preparar para la vida. Cada estudiante debiera adquirir nociones de algún ramo de trabajo manual por medio del cual, si fuere necesario, pudiera ganarse la vida.

Esto lo consideramos importante, no sólo como una salvaguardia contra las vicisitudes de la vida, sino por su relación con el desarrollo físico, intelectual y moral. Sin ejercicio físico nadie puede tener una constitución sana y una salud vigorosa; y la disciplina de un trabajo bien ordenado no es menos importante para la consecución de una mente poderosa y activa y de un noble carácter. Además, esta capacitación incide en un mejor servicio en favor de otros seres humanos, motivado por el amor de Dios y utilizando los talentos que El nos ha confiado.

El dedicar parte de cada día a una labor activa fomentará la formación de hábitos de laboriosidad y se alentará un espíritu de autoconfianza, al paso que previene de muchas prácticas inadecuadas que a menudo resultan de la ociosidad. De este modo, los educandos son capacitados para ser ciudadanos útiles - descubriendo y cumpliendo su vocación - y para continuar su desarrollo integral a lo largo de toda la vida.

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